Un argentino en Islandia

Hubo un momento en la historia en el que un escritor argentino poso su mirada en las tierras del norte. La experiencia de visitarla marcó su trayectoria literaria, la cultura del país, cambió la vida del protagonista, ¿sabes quién es?

2 de mayo 2021
Islandia, tierra de hielo ¢ Fiordo Polar

En su idioma original, Islandia significa "tierra de hielo". Su ubicación, a medio camino entre Europa y el Polo Norte, la sitúa en medio de la nada, rodeada de glaciares, coronas de vapor y volcanes en constante movimiento.

Entre la multitud de atractivos que caracterizan a la isla podemos destacar su naturaleza, tan feroz como espectacular. Su clima helado. El sol del verano o los caballos salvajes, sin embargo, al protagonista que hoy ocupa un espacio en estas líneas, la literatura islandesa lo cautivó con tan solo diez años.

El escritor argentino Jorge Luis Borges (1988-1986) fue un amante de Islandia, de sus tradiciones y de la palabra escrita. Para demostrarlo escribió varios libros sobre ella y le dedicó poemas con sabor a recuerdo. Si rescatamos un fragmento del texto publicado en su libro Historia de la noche (Emece – 1997) podemos leer las siguientes palabras que manifiestan la pasión que sentía por este lugar y su cultura.

Cascada congelada de Öxarárfoss ¢ Fiordo Polar

Que dicha para todos los hombres,
Islandia de los mares, que existas.
Islandia de la nieve silenciosa y el agua ferviente,
Islandia de la noche que se aboveda
Sobre la vigilia y el sueño.
Isla del día banco que regresa,
Joven y mortal como Balr.
Fría rosa, isla secreta
Que fuiste la memoria de Germania
Y salvaste para nosotros
Su apagada, enterrada mitología,
El anillo que engendra nueve anillos.
Los altos lobos de la selva de hierro
Que devoraran la luna y el sol,
La nave que algo o alguien construye
Con uñas de los muertos.
Islandia de los cráteres que esperan,
Y de las tranquilas majadas.
Islandia de las tardes inamovibles
Y de los hombres fuertes
Que son ahora marineros y barqueros y párrocos
Y que ayer descubrieron un continente.
Isla de los caballos de larga crin
Que engendran sobre el pasto y la lava,
Isla del agua llena de monedas
Y de no saciada esperanza.
Islandia de la espada y de la runa.
Islandia de la gran memoria cóncava
Que no es una nostalgia.

Islandia, en la literatura de Borges, huele a sueños y realidad. Las sagas, tan populares en la cultura escandinava, introdujeron al escritor en un mundo completamente opuesto a la sabiduría sudamericana y lo asieron al espíritu nórdico que conecta lo "viejo" con lo "nuevo".

En su estudio Literaturas germánicas medievales (Alianza, 1995) escrito a cuatro manos con María Esther Vázquez, el escritor rindió homenaje a las palabras evocando el lenguaje antiguo que se utilizaba por estas tierras. El análisis del vocabulario es, cuanto menos, curioso porque para mencionar el mar, los vikingos se dirigían a él llamándolo "el camino de la ballena"; para referirse a la lanza decían "serpiente de guerra" y más llamativo resulta descubrir como llamaban a la sangre: "rocío de armas" o al corazón: "la manzana del pecho".

Jorge Luis Borges viajó a Islandia en 1971, en 1976 y en 1978 y, como resultado de sus lecturas, fue capaz de entender la lengua escrita y de profundizar en la lengua hablada. Su fascinación por la isla lo acompañó durante toda su vida dejando su legado en forma de libros, poemas y efemérides y, es que, ya lo dice Rosi Braidotti... ser nómada no es no tener una casa, sino la capacidad de recrear tu casa en cualquier lugar.

Un reno en los fiordos del este de Islandia ¢ Fiordo Polar
Lara Adell