Fiordo Polar
Aurora boreal verde sobre la montaña Kirkjufell reflejada en el agua, Islandia

Islandia · Snæfellsnes y la costa sur

Islandia en 8 días: la ruta, día a día

El mismo recorrido por Snæfellsnes, el Círculo Dorado y toda la costa sur, contado jornada a jornada. Lo que cambia no es la ruta: es el mes en que lo haces.

Este es el recorrido completo de nuestro viaje de ocho días por Islandia, contado día a día: por dónde pasamos, qué se ve en cada parada y qué actividad entra según la época. Lo operamos casi todo el año, y conviene saber desde el principio que **no es el mismo viaje en septiembre que en febrero**: la ruta es idéntica, pero el paisaje, la luz y una de las actividades cambian por completo. Abajo está la diferencia, antes que nada.

Duración
8 días / 7 noches
Grupo
Máximo 8 viajeros
Recorrido
Snæfellsnes y toda la costa sur
Auroras
De finales de agosto a mediados de abril

Itinerario de ejemplo. El orden de las jornadas y las actividades pueden variar según la meteorología, el estado de las carreteras y el criterio del guía.

La montaña Kirkjufell rodeada de hierba verde al atardecer, Islandia a finales de verano

Léelo antes que nada

El mismo recorrido, tres viajes distintos

Hacemos esta ruta casi todo el año y el recorrido no cambia: las mismas paradas, en el mismo orden. Lo que cambia es todo lo demás. Conviene tenerlo claro antes de seguir leyendo, porque las fotos de una época y las de otra parecen de dos países.

De junio a mediados de agosto. Islandia entera está verde, las carreteras están todas abiertas y hay luz prácticamente a todas horas: las noches no llegan a oscurecer del todo. Es la mejor época para ver el paisaje con calma y la única para ver frailecillos, que anidan en estos acantilados hasta finales de agosto. En estas fechas no hay auroras, y no es cuestión de suerte: sin noche no se pueden ver, por muy activo que esté el cielo. La actividad del glaciar es la navegación en barco anfibio por la laguna de Jökulsárlón, entre icebergs y focas.

De finales de agosto a octubre. La isla sigue verde y la tundra empieza a encenderse de ocres, pero las noches ya son lo bastante largas y oscuras: vuelven las auroras. Se conserva la ventaja del verano —luz de sobra durante el día, carreteras abiertas— y se suma la posibilidad de salir a buscarlas de noche. La actividad del glaciar sigue siendo la navegación por la laguna, que necesita el agua sin helar. Para mucha gente es la ventana con mejor relación entre lo que se ve de día y lo que se puede ver de noche.

De diciembre a marzo. El paisaje está nevado, la luz es baja y dorada casi todo el día y la oscuridad llega pronto y dura, que es exactamente lo que hace falta para las auroras. Las cascadas se congelan por los bordes. Y la actividad del glaciar es la que no existe el resto del año: entrar en una cueva de hielo, por túneles que el deshielo excava dentro del Vatnajökull y que son distintos cada invierno.

Lo que no cambia en ninguna fecha: el recorrido completo, el grupo reducido, el guía acompañante en español y una laguna termal incluida.

Dicho de otra forma: en junio verás Islandia verde a todas horas pero no habrá auroras; en septiembre la verás verde y además podrás salir a buscarlas; en febrero la verás blanca y caminarás por dentro de un glaciar.

Siempre
Laguna termal incluida
Junio – octubre
Navegación por Jökulsárlón
Diciembre – marzo
Cueva de hielo
Auroras
Solo de finales de agosto a mediados de abril
Icebergs azules flotando en la laguna glaciar de Jökulsárlón, Islandia

El territorio

Una isla que todavía se está haciendo

El nombre engaña un poco. Islandia viene del islandés «Ísland», del nórdico antiguo, y significa literalmente «tierra de hielo». Pero el primer nombre que tuvo el país fue «Snæland», tierra de nieve, y ninguno de los dos cuenta lo importante: que esto es, sobre todo, tierra de fuego.

Islandia se asienta justo encima de la dorsal mesoatlántica, la grieta por donde las placas de América y Eurasia se separan unos dos centímetros al año. Esa es la razón de todo lo que se ve en el viaje: los volcanes, los géiseres, los campos de lava, el agua que sale hirviendo del suelo y la sensación permanente de estar en un paisaje sin terminar. La isla no es un sitio antiguo y quieto; es un sitio que se sigue construyendo mientras lo recorres.

Son 103.000 kilómetros cuadrados para unos 350.000 habitantes, la mayoría concentrados alrededor de Reikiavik. Eso deja el resto del país prácticamente vacío, que es justo lo que se nota al conducir: kilómetros entre granja y granja, y cero contaminación lumínica en cuanto te alejas de la capital.

El primer asentamiento humano data del año 874. Hasta el siglo XX el país vivió de la pesca y la agricultura, y entre 1262 y 1944 perteneció primero a Noruega y después a Dinamarca. La independencia llegó en 1944, y se declaró precisamente en Thingvellir, uno de los sitios que visitamos el tercer día.

Tres cuartas partes de la isla son áridas. Durante siglos se talaron los bosques para leña y madera, la erosión hizo el resto, y hoy quedan apenas unos abedules pequeños repartidos entre 59 reservas naturales. Por eso el paisaje islandés es tan desnudo: no es que nunca hubiera árboles, es que se acabaron.

Y un dato que resume bien el país: hay el doble de ovejas que de personas.

Superficie
103.000 km²
Habitantes
350.000
Primer asentamiento
Año 874
Independencia
1944, en Thingvellir
Iglesia de Vík sobre la ladera con el mar y los acantilados al fondo, costa sur de Islandia

Qué esperar

Más templado de lo que parece, más cambiante de lo que crees

El clima de la costa islandesa es subpolar oceánico: veranos frescos y cortos, inviernos suaves. En la capital la temperatura rara vez baja de los diez grados bajo cero, y las costas de la isla se mantienen sin hielo durante todo el invierno. La corriente del Golfo hace que aquí haga bastante menos frío del que corresponde a esta latitud — hay sitios de la Europa continental que pasan más.

Lo que no es suave es el viento. Y lo que de verdad define el tiempo islandés no es la temperatura, es la velocidad a la que cambia: se puede salir con sol, cruzar un chaparrón de nieve y acabar la mañana otra vez despejado. Existe un dicho local que viene a decir que si no te gusta el tiempo, esperes cinco minutos.

Dentro de la isla hay diferencias claras. La costa sur, que es por donde va casi todo nuestro recorrido, es la más cálida, la más húmeda y la más ventosa. El interior y el norte son más áridos y nieva más. Las tierras altas del centro son la zona más fría de todas, y en invierno están sencillamente cerradas.

Esto tiene una consecuencia práctica que conviene saber desde el principio: en Islandia el orden del día se decide por la mañana, mirando el parte. Un puerto de montaña cerrado, un aviso de viento o un claro inesperado cambian el plan, y esa flexibilidad no es improvisación: es lo que permite aprovechar el día y, sobre todo, la noche.

Clima
Subpolar oceánico
Mínimas en la capital
Rara vez bajo −10 °C
Zona más lluviosa
La costa sur
Aurora boreal sobre la montaña Kirkjufell en la península de Snæfellsnes

El fenómeno

La aurora boreal: por qué Islandia y qué se ve de verdad

Las auroras no se reparten por igual por el planeta: se manifiestan en un enorme anillo alrededor del polo norte magnético, el llamado óvalo auroral. Islandia entera queda dentro de ese anillo, y esa es la razón de fondo de que este viaje exista.

La temporada va de finales de agosto a mediados de abril, y el motivo es sencillo: no hace falta frío, hace falta oscuridad. En verano el sol apenas se pone y no hay noche donde verlas, por muy activo que esté el cielo — por eso en las salidas de junio y julio no entran en el plan. A partir de finales de agosto las noches se alargan lo suficiente, y siguen siendo largas hasta bien entrado abril.

Conviene decir qué se ve realmente, porque las fotos han hecho mucho daño. Una cámara acumula luz durante segundos y el ojo humano no. Una aurora discreta aparece como una banda pálida, casi gris verdosa, que al principio uno confunde con una nube rara que no se mueve como las demás. Cuando sube de intensidad llega el verde inequívoco. Y cuando la cosa se pone seria empieza lo que no se olvida: cortinas que se pliegan y recorren el cielo a una velocidad que no parece de este mundo, a veces con rosas y violetas en los bordes.

Islandia tiene además una ventaja propia frente a otros destinos de auroras: el paisaje. Aquí no hay solo cielo — hay glaciares, lagunas con icebergs, cascadas y montañas de formas imposibles debajo. Una aurora sobre Kirkjufell o reflejada en el agua de Jökulsárlón es otra cosa distinta a una aurora sobre un campo vacío.

Nuestra forma de buscarlas es la que permite un grupo pequeño con vehículo propio: se mira el parte de nubes y la actividad geomagnética, se elige un punto oscuro y despejado, y se conduce hasta allí. En las salidas dentro de la temporada, salimos todas las noches que el tiempo lo permita.

Lo que no vamos a hacer es prometerlas. Nadie puede. Se puede elegir un país que está entero dentro del óvalo auroral, se puede tener la libertad de perseguir el claro y se pueden dedicar siete noches en lugar de una. Eso es exactamente lo que hacemos, y es lo máximo que se puede hacer.

Temporada
Finales de agosto – mediados de abril
Posición
Toda la isla, dentro del óvalo auroral
Salidas
Todas las noches, si el cielo lo permite
Vista de la catedral, en Reykjavik

Cómo lo planteamos

Una vuelta al sur, en grupo pequeño

La ruta no es circular por la isla entera: es una vuelta al oeste y al sur, que es donde está concentrado casi todo lo que hace famosa a Islandia y, además, lo que se puede recorrer con garantías en invierno. Subimos primero a la península de Snæfellsnes, bajamos al Círculo Dorado y desde ahí seguimos la costa sur hacia el este hasta Höfn, para volver por el mismo corredor a Reikiavik.

A Snæfellsnes la llaman «Islandia en miniatura», y el apodo está bien puesto: en una península relativamente pequeña hay volcán con glaciar encima, acantilados, playas de arena negra y dorada, pueblos pesqueros y campos de lava. Es el aperitivo perfecto del resto del viaje.

Vamos en grupo máximo de ocho viajeros, con guía acompañante en español y vehículo propio. Eso no es un detalle de confort: es lo que hace posible parar donde el paisaje lo pida, cambiar el orden del día si el parte lo aconseja y salir de noche cuando el cielo se abre. Con un autocar de cincuenta personas nada de esto funciona igual.

Los trayectos son desiguales a propósito. Hay días de poca carretera y muchas paradas, y dos jornadas largas —la de Jökulsárlón y la del regreso desde Höfn— que son largas porque la recompensa lo merece: la laguna glaciar y las cuevas de hielo están donde están.

Grupo
Máximo 8 viajeros
Guía
Acompañante en español
Transporte
Vehículo propio durante todo el viaje
Escultura Sun Voyager junto al mar en Reikiavik, con montañas nevadas al fondo

Llegada · Aeropuerto de Keflavík

Aterrizar en la tierra del fuego y el hielo

Día
1 de 8

El guía acompañante os estará esperando a la llegada. El aeropuerto de Keflavík está a unos cuarenta y cinco minutos de la capital, en mitad de un campo de lava que ya avisa de lo que viene: piedra negra hasta donde alcanza la vista, musgo encima y nada más.

Dormimos cerca del aeropuerto a propósito, para no sumar un desplazamiento largo después de un vuelo. Es una tarde para aterrizar en todos los sentidos: deshacer la maleta, conocerse y hacerse a la idea de dónde estamos.

Esa península, la de Reykjanes, es de las zonas más activas del país y ha protagonizado varias erupciones en los últimos años. Conducir por ella es atravesar coladas de lava de edades distintas, unas ya cubiertas de musgo y otras tan recientes que aún están negras y desnudas.

Si el cielo está despejado, la primera noche ya es noche de auroras. No hay que esperar al día siguiente para empezar a mirar arriba.

Curiosidades

  • Reikiavik se abastece casi por completo de energía geotérmica y eléctrica de fuentes renovables: el agua caliente del grifo sale directamente del subsuelo y huele ligeramente a azufre.
  • Es la capital más septentrional de un estado soberano del mundo.
  • El aeropuerto de Keflavík está a unos 45 minutos de Reikiavik.
Arco en Arnastapi, en la península de Snæfellsnes en Islandia

Keflavík → Snæfellsnes

Islandia en miniatura

Día
2 de 8

Salimos hacia el noroeste, a la península de Snæfellsnes, que llaman «Islandia en miniatura» porque reúne en muy poco espacio casi todo lo que el país tiene repartido: un volcán con glaciar encima, acantilados, playas, campos de lava y pueblos pesqueros diminutos.

La protagonista es la Kirkjufell, la montaña nacional, y probablemente la montaña más fotografiada del país: una pirámide asimétrica de 463 metros plantada junto al mar, con una cascada en primer plano que parece puesta por un decorador. Es la que sale en Juego de Tronos como «la montaña con forma de punta de flecha».

Al fondo de la península se levanta el Snæfellsjökull, un estratovolcán coronado por un glaciar. Julio Verne lo eligió como la entrada al centro de la Tierra en su novela, y basta verlo un día de nubes bajas para entender por qué le pareció una puerta a otro sitio.

Por el camino paramos en los acantilados de Arnarstapi, donde el mar ha excavado arcos y columnas de basalto y donde las aves marinas anidan literalmente encima del sendero, y en la playa de Ytri Tunga, una de las pocas de arena dorada de la isla y conocida porque en sus rocas suele haber focas descansando.

Curiosidades

  • El volcán Snæfellsjökull es el escenario que Julio Verne eligió como entrada en «Viaje al centro de la Tierra».
  • La montaña Kirkjufell es una de las imágenes icónicas de la serie Juego de Tronos.
  • En la playa de Ytri Tunga es habitual ver focas sobre las rocas, sobre todo con marea baja.
Zona del géiser, en el círculo dorado

Snæfellsnes → Círculo Dorado

Placas tectónicas, un géiser y una cascada dorada

Día
3 de 8

Bajamos hacia el sureste para recorrer el Círculo Dorado, la ruta que nadie que visite Islandia se salta, y con razón: sus tres paradas explican el país entero.

Thingvellir es un parque nacional que es a la vez geología e historia. Aquí se separan físicamente las placas tectónicas americana y euroasiática, y se puede caminar por la grieta que dejan al abrirse. Y aquí mismo, en este valle, se reunía desde el año 930 el Althing, uno de los parlamentos más antiguos del mundo, y aquí se declaró la independencia del país en 1944. Un pueblo que eligió como sede de su parlamento el sitio exacto donde el planeta se abre.

Vista del cañón y el caudal de la cascada Gullfoss desde el mirador

El géiser Strokkur entra en erupción cada cuatro a ocho minutos, con una columna de agua hirviendo de quince a veinte metros. Al lado está el Geysir original, el que le dio el nombre al fenómeno en todos los idiomas del mundo, y que lleva dormido desde principios del siglo XX. Se espera alrededor del Strokkur mirando un charco azul que de pronto se hincha como una burbuja y revienta hacia arriba.

Gullfoss, que significa «cascada dorada», cierra la ruta. Cae en dos saltos de once y veintiún metros dentro de un cañón, y en invierno los bordes se congelan y la cortina de hielo cambia cada semana. Se salvó de ser embalsada a principios del siglo XX, según cuenta la historia local, porque la hija del propietario amenazó con tirarse a ella.

Tras un día intenso, terminamos relajándonos en una laguna termal, que va incluida en todas las salidas del año. En invierno solemos ir a la Secret Lagoon de Flúðir, la más antigua del país: agua caliente humeando en mitad del campo, con vapor saliendo del suelo alrededor y bastante menos postureo que otras más famosas.

Curiosidades

  • En Thingvellir se unen —y se separan— las placas tectónicas americana y europea. Se puede caminar por la grieta.
  • El géiser Geysir, el más antiguo conocido y el que da nombre al fenómeno, está dormido desde principios del siglo XX. El que sí erupciona es su vecino, el Strokkur.
  • Gullfoss significa «cascada dorada» y cae 32 metros en dos saltos.
Playa de arena negra de Reynisfjara con formaciones rocosas y acantilados nevados

Círculo Dorado → Vík

Cascadas que se cruzan por detrás y arena negra

Día
4 de 8

Seguimos hacia el sur de la isla por la carretera 1, la circular, con varias paradas encadenadas que son de las más agradecidas del viaje.

Seljalandsfoss tiene una particularidad que la hace única: se puede caminar por detrás de la cortina de agua. Un sendero rodea la caída y te deja mirando el paisaje a través de sesenta metros de agua cayendo. En invierno hay que ir con cuidado porque el suelo se hiela, y el frescor te cala igual.

Skógafoss es lo contrario: pura fuerza frontal. Veinticinco metros de ancho y sesenta de caída, levantando tanta agua pulverizada que con sol salen arcoíris casi garantizados. Hay una escalera lateral para verla desde arriba, y merece la pena subirla.

Terminamos el día en uno de los puntos más bellos del sur. Las vistas desde el acantilado de Dyrhólaey, un promontorio con un arco de roca perforado por el mar por el que en verano pasan barcos, y la playa de arena negra de Reynisfjara, en Vík, con sus columnas de basalto hexagonales apiladas como un órgano de iglesia y los farallones que emergen del mar.

Sobre Reynisfjara hay que decir una cosa en serio: tiene olas traicioneras, las llamadas sneaker waves, que suben mucho más de lo que parece y se han llevado a gente. Se disfruta desde lejos del agua y punto.

La leyenda local cuenta que esos farallones de Reynisdrangar son dos trolls que intentaban arrastrar un barco a tierra y se quedaron petrificados al sorprenderles el amanecer.

Curiosidades

  • En la catarata de Seljalandsfoss se puede acceder a su parte trasera y mirar el paisaje a través del agua.
  • El volcán Eyjafjallajökull, el que paralizó el tráfico aéreo europeo en 2010, está en esta zona.
  • El frailecillo es el ave por excelencia de Islandia. Anida en estas costas desde mayo hasta finales de agosto, así que en temporada de auroras no se ve.
  • Las columnas de basalto de Reynisfjara se formaron al enfriarse la lava despacio, lo que la hace agrietarse en prismas casi hexagonales.
Playa de los diamantes en Islandia

Vík → Höfn

Icebergs de mil años y una playa de diamantes

Día
5 de 8

Continuamos por la carretera circular en dirección este, y este es el día en el que el paisaje se vuelve verdaderamente marciano.

Primero cruzamos los campos de lava de Eldhraun, que no son unos campos de lava cualquiera: los dejó la erupción del Laki en 1783, una de las mayores de la historia registrada. Mató a buena parte del ganado de la isla, provocó una hambruna que se llevó a un quinto de la población islandesa y sus cenizas alteraron el clima de Europa entera durante años. Hoy todo eso está cubierto por una capa de musgo grueso y mullido que lo vuelve extrañamente apacible. Conviene no pisarlo: tarda décadas en recuperarse.

Iceberg azul translúcido emergiendo del agua en la laguna glaciar de Jökulsárlón

Paramos también en Fjaðrárgljúfur, uno de los cañones más espectaculares del país: dos kilómetros de paredes verticales serpenteantes de unos cien metros de profundidad, excavadas por el agua del deshielo.

Después nos adentramos en territorio del Vatnajökull, el glaciar más grande de Islandia y uno de los mayores de Europa: cubre alrededor del 8 % de la superficie del país y bajo su hielo hay volcanes activos.

Y el día termina en Jökulsárlón, la laguna glaciar. Es difícil de exagerar: decenas de icebergs desprendidos del glaciar flotando despacio hacia el mar, azules y translúcidos, con focas nadando entre ellos. El hielo de esos bloques tiene más de mil años, y el azul tan intenso viene de que está tan comprimido que ha expulsado casi todo el aire.

Justo enfrente, al otro lado de la carretera, está la playa de los diamantes: los icebergs salen al mar, la marea los devuelve a la orilla y quedan varados sobre la arena negra como piedras de cristal. El contraste entre el hielo transparente y la arena volcánica es de las imágenes que se llevan todos.

Y aquí aparece la primera diferencia grande según la fecha. En invierno se entra en una cueva de hielo: túneles que el agua del deshielo excava dentro del glaciar y que son distintos cada año, con el hielo azul filtrando la luz desde fuera. De finales de agosto a octubre, con la laguna sin helar, lo que se hace es navegar entre los icebergs en barco anfibio, buscando focas. Son dos actividades distintas y ninguna sustituye a la otra: dependen de la fecha en la que vengas.

Curiosidades

  • Los campos de lava de Eldhraun se formaron tras la erupción del Laki, a finales del siglo XVIII: sus cenizas alteraron el clima de Europa entera.
  • Justin Bieber grabó uno de sus videoclips en el cañón de Fjaðrárgljúfur, y el sitio llegó a cerrarse un tiempo por la masificación que provocó.
  • La laguna glaciar de Jökulsárlón está formada por bloques de hielo de más de 1.000 años. Es fácil ver focas entre ellos.
  • La actividad del glaciar depende de la fecha: cueva de hielo en invierno, navegación por la laguna en verano y otoño.
La montaña Vestrahorn en Stokksnes sobre dunas de arena negra con hierba

Höfn → Hella

La montaña Batman y la vuelta hacia el oeste

Día
6 de 8

Si el tiempo lo permite, empezamos el día en Stokksnes, y merece mucho la pena que lo permita. Es una península de arena negra frente al Vestrahorn, una mole de 454 metros cuyos picos gemelos le han valido el apodo de «la montaña Batman». Delante hay dunas negras cubiertas de hierba amarilla y, cuando el viento para, el agua de la orilla refleja la montaña entera. Es probablemente el encuadre más fotografiado del este del país.

El Vestrahorn no es roca volcánica normal: es gabro, una piedra oscura y muy antigua formada en profundidad, y de ahí ese negro tan denso que tiene.

A continuación empezamos la ruta de regreso hacia la capital, y volvemos a parar en la laguna glaciar. En verano y otoño se navega por Jökulsárlón en un barco anfibio, entrando entre los bloques de hielo en busca de focas. En invierno, con la laguna helada, la parada es en el propio glaciar y su cueva de hielo.

El resto del día se usa a propósito como colchón. Aprovechamos el viaje de vuelta para visitar los lugares que, por llegar de noche o por el mal tiempo, no se hayan podido ver a la ida. Y también los que se quedaron pendientes o los que alguien quiera sencillamente repetir. Después de cinco días en Islandia, siempre hay de las dos categorías.

Curiosidades

  • En Stokksnes se ve la montaña «Batman», cuyos picos parecen el símbolo del murciélago.
  • Navegación en barco anfibio por Jökulsárlón en las salidas de verano y otoño; cueva de hielo en las de invierno.
Panorámica de Reikiavik con sus tejados de colores y montañas nevadas al fondo

Hella → Reikiavik

La capital más al norte del mundo

Día
7 de 8

Llegamos a la capital del país. Reikiavik es una ciudad cosmopolita de unos 125.000 habitantes que no se parece a ninguna otra capital europea: baja, de casas con chapa ondulada pintada de colores, y con montañas nevadas asomando al final de las calles.

El nombre significa literalmente «la bahía del humo», y se lo puso el primer colono al ver las columnas de vapor que salían del suelo. No era humo: era geotermia, la misma que hoy calienta la ciudad entera.

Vista de los tejados de colores de Reikiavik con el mar y la montaña al fondo

Hay tiempo para pasear, ver tiendas, subir a la Hallgrímskirkja —la iglesia de hormigón cuya fachada imita las columnas de basalto que llevamos toda la semana viendo en la costa— y acercarse al Harpa, la sala de conciertos de fachada de vidrio en forma de panal que refleja el puerto y las montañas.

Y el que quiera puede probar el hákarl, el tiburón fermentado. Es carne de tiburón de Groenlandia curada durante meses, considerada un manjar local, y conviene saber que huele muchísimo peor de lo que sabe. Es una de esas cosas que se hacen una vez.

El día se cierra con una laguna termal, que es la mejor forma posible de terminar un viaje así: agua caliente, aire frío en la cara y, si hay suerte, el cielo haciendo de las suyas por encima.

Curiosidades

  • Reikiavik es la capital más nórdica del mundo. Su nombre significa literalmente «la bahía del humo», por el vapor geotérmico que vio el primer colono.
  • El hákarl es un plato islandés a base de carne curada de tiburón peregrino o tiburón de Groenlandia. En Islandia se considera un manjar.
  • La fachada de la Hallgrímskirkja está inspirada en las columnas de basalto de la costa sur.
Avión despegando al atardecer con cielo anaranjado

Regreso a casa

La última mañana

Día
8 de 8

Día de regreso. Traslado al aeropuerto de Keflavík según el horario de vuelo.

Se vuelve por el mismo campo de lava del primer día, y cuesta que parezca el mismo sitio. Lo que al llegar era una extensión negra e indescifrable, al octavo día ya se lee: se distingue una colada reciente de una antigua, se reconoce el musgo que tarda décadas en agarrarse y se sabe que debajo sigue habiendo movimiento.

Casi nadie llega a Islandia esperando los campos de musgo del Laki, ni una playa con diamantes de hielo, ni el hormigón de una iglesia imitando columnas de basalto. Se viene por las auroras, que son el motivo declarado y con razón, y se vuelve con una lista bastante más larga.

Curiosidades

  • Traslado al aeropuerto de Keflavík según horario de vuelo.

La ruta completa

De Keflavík a la península de Snæfellsnes, bajada al Círculo Dorado y toda la costa sur hacia el este hasta Höfn, con regreso por el mismo corredor a Reikiavik. Siete noches en bases distintas, a propósito: en Islandia lo que hay que ver está lejos entre sí, y dormir donde termina cada jornada es lo que permite no repetir carretera. El recorrido es el mismo en todas las fechas.

Mapa de Islandia con la ruta del viaje y las paradas numeradas de Keflavík a Reikiavik

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