Fiordo Polar
La cascada Múlafossur cayendo al Atlántico desde el acantilado de Gásadalur, en la isla de Vágar

Islas Feroe · De abril a septiembre

Islas Feroe, día a día

Siete días por el archipiélago del Atlántico Norte: la cascada que cae al océano en Gásadalur, los frailecillos de Mykines, el lago que parece flotar sobre el mar y las islas del norte.

Este es el recorrido completo de nuestro viaje por las Islas Feroe, contado día a día: por dónde pasamos, qué se camina cada jornada y por qué está montado así. Se opera de junio a septiembre, y hay un detalle que conviene saber antes de elegir fecha: los frailecillos solo están en las islas de mayo a agosto.

Duración
7 días / 6 noches
Grupo
Máximo 8 viajeros
Recorrido
Vágar, Mykines, Streymoy, Eysturoy y las islas del norte
Temporada
De mayo a septiembre

Itinerario de ejemplo. El orden de las jornadas y las actividades pueden variar según la meteorología, el estado de las carreteras y el criterio del guía.

Ovejas pastando junto a una casa de cubierta de hierba sobre un prado verde en las Islas Feroe

El territorio

Dieciocho islas, y más ovejas que personas

Las Feroe están en mitad del Atlántico Norte, a 62 grados de latitud, casi a la misma distancia de Noruega, de Islandia y de Escocia. Son dieciocho islas, diecisiete habitadas, y entre todas suman 1.399 kilómetros cuadrados: menos que la provincia más pequeña de España, repartidos en un laberinto de fiordos, estrechos y acantilados.

El nombre lo dice casi todo. Viene del nórdico antiguo Færeyjar, «las islas de las ovejas», y la proporción sigue siendo esa: unas 80.000 ovejas para unas 54.000 personas. Pastan sueltas por las laderas, cruzan la carretera cuando les parece y son, junto al viento, las responsables de que aquí no crezca un árbol: las islas son hierba, musgo y roca, sin un solo bosque nativo.

El relieve es vertical. Las montañas arrancan directamente del mar y el punto más alto, el Slættaratindur, llega a 880 metros; los acantilados del norte superan los 700 en algunos cabos. Por eso el paisaje cambia cada pocos kilómetros: se cruza un túnel y al otro lado hay otra luz, otro valle y a menudo otro tiempo.

Y se recorre en coche, que es lo que hace que un archipiélago así quepa en una semana. Túneles submarinos, puentes y ferries enlazan las islas principales, las distancias son cortas y en una mañana se cruza medio país. Lo que no se puede planificar es el cielo: aquí puede amanecer con niebla, llover a las once y despejar a la una, así que el orden de las paradas de cada día se ajusta sobre la marcha, mirando al mar y a las nubes.

Superficie
1.399 km²
Islas
18, de ellas 17 habitadas
Habitantes
Unos 54.000
Techo
Slættaratindur, 880 m
Casas de piedra con cubierta de hierba junto a una laguna rodeada de montañas en las Islas Feroe

Cómo se reparte

Tres bases: Gásadalur, Klaksvík y Tórshavn

El viaje no da vueltas: se apoya en tres bases y desde cada una sale y vuelve. Las tres primeras noches son en Gásadalur, en la isla de Vágar, que es la del aeropuerto y la que concentra dos de los grandes días del viaje: el ferry a Mykines y la caminata del lago.

Después, dos noches en Klaksvík, la segunda ciudad del archipiélago, ya en Borðoy. Es el campamento base natural para las islas del norte, que de otro modo serían un ir y venir imposible desde la capital.

Y la última noche, en la zona de Tórshavn, para que el día del vuelo no empiece con dos horas de carretera. Entre una base y otra no se conduce y punto: el trayecto es el día, con sus paradas en los pueblos que hay por el camino.

Somos un grupo pequeño, máximo ocho viajeros y viajeras, con guía en castellano. Eso no es un detalle de folleto aquí: significa vehículo pequeño en carreteras de un carril, sitio en los ferries que van a islas de treinta habitantes y la posibilidad de dar la vuelta a un plan cuando la meteorología lo pide.

Base 1
Gásadalur (Vágar), 3 noches
Base 2
Klaksvík (Borðoy), 2 noches
Base 3
Tórshavn (Streymoy), última noche
Grupo
Máximo 8 viajeros
Frailecillo atlántico de pico naranja entre la hierba de un acantilado de las Islas Feroe

Cuándo se va

De abril a septiembre, y los frailecillos mandan

Operamos de abril a septiembre, que es la mitad amable del año en el Atlántico Norte: prados de un verde casi irreal, carreteras y ferries funcionando con normalidad y días larguísimos. En junio el sol se pone cerca de las once y media de la noche y apenas llega a oscurecer del todo; en abril y en septiembre siguen quedando entre catorce y dieciséis horas de luz, de sobra para caminar sin prisa.

La fecha sí cambia una cosa importante. Los frailecillos llegan a las islas en abril y se marchan mar adentro a finales de agosto: pasan el invierno en alta mar, lejos de cualquier costa. Las salidas de mayo a agosto pillan la colonia de Mykines en pleno bullicio; las de abril y las de septiembre verán la isla, los acantilados y el faro, pero con los nidos vacíos.

El termómetro se mueve poco: entre 7 y 13 grados en verano, sin calor y sin frío de verdad. Lo que manda es el viento y la humedad. Aquí no hay mal tiempo, hay cuatro tiempos el mismo día, y la ropa que resuelve el viaje es la de siempre en el Ártico: tres capas, chubasquero y pantalón impermeables, y botas con buen agarre porque la hierba mojada de los senderos resbala más de lo que parece.

En cuanto a los días del itinerario, ninguno es una carrera. Las caminatas fuertes son dos —Mykines y el lago— y ambas rondan las tres horas por sendero de montaña, con subidas suaves. El resto de jornadas son de coche, pueblos y miradores.

Temporada
De abril a septiembre
Frailecillos
De mayo a agosto
Temperatura
De 7 a 13 °C en verano
Luz en junio
Anochece pasadas las 23:00
Carretera llegando al pueblo de Gásadalur bajo una montaña de cima plana, isla de Vágar

Aeropuerto de Vágar → Gásadalur

Llegada a Vágar y la cascada que cae al mar

Día
1 de 7

Se aterriza en Vágar, el único aeropuerto del archipiélago, una pista encajada entre montañas que los pilotos tienen fama de disfrutar. Según a qué hora llegue el vuelo, empezamos a recorrer la isla ese mismo día: está todo a menos de media hora y no hay motivo para esperar a mañana.

De camino paramos en Sandavágur, un pueblo ordenado de casas blancas y madera oscura con una iglesia de tejado rojo que sale en todas las postales, y en Bøur, que mira de frente a los dos islotes más famosos de las Feroe: Tindhólmur, con sus cinco picos, y Drangarnir, el arco de roca que el mar ha ido perforando.

Dormimos tres noches en Gásadalur, y merece la pena entender dónde estamos. Este pueblo de una decena escasa de vecinos vivió aislado hasta 2004: no había carretera, y el correo, la compra y los ataúdes subían a pie por encima de la montaña. Ese sendero, la antigua ruta del cartero, sigue ahí y se puede caminar; es la más conocida de las varias que salen del pueblo.

Y al borde del acantilado está la imagen que probablemente te trajo hasta aquí: Múlafossur, el río del valle cayendo al Atlántico de un solo salto, con el pueblo detrás y el mar abierto delante. Con la luz larga de estas latitudes, la hora buena para verla es bastante después de cenar.

Curiosidades

  • Hasta 2004 no se podía llegar a Gásadalur por carretera: solo a pie por el paso de montaña o en barco bordeando los acantilados.
  • El cartero hacía ese camino cargado con la saca varias veces por semana; hoy el sendero se conoce como «la ruta del cartero».
  • Múlafossur es la cascada más fotografiada del archipiélago y la que abre casi todas las guías de las Feroe.
Frailecillos en un acantilado de Mykines con el pueblo y el valle verde al fondo

Gásadalur → Mykines → Gásadalur

Mykines, la isla de los frailecillos

Día
2 de 7

Bajamos a Sørvágur a coger el ferry. La travesía ya es parte del día: el barco sale del fiordo y pasa junto a Drangarnir, ese arco natural que se ha hecho famoso en medio mundo, y junto a Tindhólmur, antes de encarar mar abierto hacia el oeste.

Mykines es la isla más occidental de las Feroe y la más difícil de alcanzar: viven en ella un puñado de personas, no hay carreteras y el desembarco depende del estado del mar. Lo que sí hay son aves, muchísimas. Una de las mayores colonias de frailecillos atlánticos del mundo cría en estos acantilados, y a ellas se suman fulmares, alcas y alcatraces.

El recorrido de la isla sube desde el pueblo por la ladera, entre madrigueras excavadas en la turba —cada pareja pone un solo huevo al año y lo cría bajo tierra—, y sigue por el filo de los acantilados hasta el faro de Mykineshólmur, en el islote del extremo, al que se llega por una pasarela colgada sobre el Atlántico. Son unas tres horas de ida y vuelta, con subida constante pero sin dificultad técnica.

Los frailecillos están acostumbrados a la gente y se dejan ver a pocos metros, lo que no quita que estemos en su casa: se camina por el sendero marcado, nunca sobre las madrigueras, y se les mira sin cortarles el paso hacia el nido. Al final de la tarde el ferry nos devuelve a Vágar y volvemos a dormir a Gásadalur.

Curiosidades

  • Mykines acoge una de las mayores colonias de frailecillos del mundo; cada pareja cría un único pollo al año en una madriguera excavada en la turba.
  • La travesía en ferry pasa junto a Drangarnir, el arco de roca que el mar ha abierto entre dos islotes.
  • Es la isla más occidental del archipiélago y la de acceso más incierto: si el mar no acompaña, el ferry no sale.
Acantilado de Trælanípa sobre el Atlántico con el lago Sørvágsvatn detrás, isla de Vágar

Gásadalur → Miðvágur → Gásadalur

El lago que parece flotar sobre el océano

Día
3 de 7

La caminata más famosa de las Feroe empieza en Miðvágur, a media hora larga de coche. El sendero bordea el Sørvágsvatn —también llamado Leitisvatn, y el mayor lago del archipiélago— por una orilla de hierba abierta, con las montañas a un lado y el agua quieta al otro.

Al final del lago el terreno se corta en seco: los acantilados de Trælanípa, «la roca de los esclavos», caen a plomo sobre el Atlántico. Desde el punto justo se produce la ilusión óptica que ha dado la vuelta al mundo: el lago parece suspendido decenas de metros por encima del océano, como si el agua dulce estuviera a punto de derramarse sobre el mar. En realidad su superficie está unos 30 metros más alta, y lo que engaña es el ángulo.

A un lado se ve Bøsdalafossur, el desagüe del lago cayendo directamente al mar. Es un paseo de unas tres horas entre ida y vuelta, sin desnivel serio pero con tramos húmedos, y conviene no acercarse al borde: aquí el viento empuja.

De vuelta rematamos la isla con lo que haya quedado pendiente, y sobre todo con Trøllkonufingur, «el dedo de la bruja»: un monolito de basalto de unos 300 metros clavado en el mar. Cuenta la leyenda que una bruja y un gigante vinieron desde Islandia a llevarse las Feroe a rastras y que este dedo es lo que quedó del intento. La historia continúa mañana, en la otra punta del recorrido.

Curiosidades

  • El Sørvágsvatn está unos 30 metros por encima del nivel del mar: esa diferencia, vista desde el ángulo correcto, hace que el lago parezca flotar sobre el océano.
  • Trælanípa significa «la roca de los esclavos»; la tradición cuenta que desde ese acantilado se despeñaba a los esclavos de la época vikinga.
  • Trøllkonufingur, «el dedo de la bruja», es el resto del intento de llevarse las Islas Feroe hacia Islandia, según la leyenda.
Casas de cubierta de hierba frente a la laguna de Saksun rodeada de montañas verdes, isla de Streymoy

Vágar → Streymoy → Eysturoy → Klaksvík

Saksun, Tjørnuvík y los pueblos de tejado de hierba

Día
4 de 7

Hoy cambiamos de isla y cruzamos el túnel submarino hacia Streymoy, la mayor del archipiélago, para recorrer de punta a punta sus pueblos más bonitos. El día es largo en carretera pero corto en kilómetros: aquí nada está lejos, lo que pasa es que apetece pararse cada diez minutos.

La primera parada es Saksun, un anfiteatro de montañas verdes al fondo de un valle con un puñado de casas de cubierta de hierba y una laguna de agua salada. Esa laguna fue un puerto natural hasta que, en el siglo XVII, un temporal la cegó de arena y dejó al pueblo sin salida al mar. Hoy es un espejo con marea, y a la hora baja se puede caminar hasta la boca.

Playa de arena oscura de Tjørnuvík con los farallones de Risin og Kellingin al fondo
Casa de madera oscura con cubierta de hierba en el pueblo de Gjógv, isla de Eysturoy

Seguimos hasta Tjørnuvík, al final de la carretera norte: una playa de arena oscura encajada entre laderas altísimas, con surfistas cuando el oleaje entra bien. Y desde su arena se ven los dos protagonistas de la leyenda de ayer: Risin og Kellingin, el gigante y la bruja, dos farallones de roca que se quedaron petrificados al amanecer cuando intentaban arrastrar las Feroe hacia Islandia.

Cruzamos después a Eysturoy para bajar a Gjógv, que debe su nombre a la garganta natural de paredes verticales que el mar ha excavado en la roca y que hizo de puerto durante siglos. Por el camino pasamos junto a Funningur, al pie del Slættaratindur, la montaña más alta de las islas. La jornada termina en Klaksvík, ya en Borðoy, donde pasaremos dos noches.

Curiosidades

  • Un temporal del siglo XVII cegó de arena el puerto natural de Saksun y lo convirtió en la laguna que se ve hoy.
  • Desde Tjørnuvík se ven Risin og Kellingin, el gigante y la bruja petrificados por el sol cuando intentaban remolcar las Islas Feroe hasta Islandia.
  • Gjógv significa «garganta» en feroés, por la hendidura que el mar abrió en la roca y que el pueblo usó como puerto.
Cresta de acantilados verdes cayendo al mar en la isla de Kalsoy, norte de las Islas Feroe

Klaksvík → Borðoy, Viðoy, Kunoy y Kalsoy

Las islas del norte y el faro de Kalsoy

Día
5 de 7

Las Norðoyar, las islas del norte, son las menos pobladas y las más abruptas del archipiélago, y hoy las tenemos todas al alcance desde Klaksvík. Empezamos por la propia ciudad —la segunda del país, repartida entre dos fiordos— y por la subida al monte Klakkur, el mirador que la abraza: desde arriba se ven de golpe los canales que separan unas islas de otras.

Enlazadas por túneles y calzadas están Viðoy y Kunoy. En la primera se llega a Viðareiði, el pueblo habitado más al norte de las Feroe, bajo la mole del cabo Enniberg, uno de los acantilados marinos más altos de Europa con sus más de 700 metros verticales. En la segunda hay una rareza que aquí es casi un chiste: el único bosque de las Islas Feroe, un puñado de árboles plantados a mano en un país sin árboles.

El plato fuerte del día es Kalsoy, una isla larga y estrecha, poco más que una cresta de montaña asomada al mar, a la que se llega en ferry desde Klaksvík. Desde Trøllanes, el último pueblo de la carretera, sale la caminata al faro de Kallur: poco más de una hora de subida por la ladera hasta un espolón de hierba con acantilados a ambos lados y el faro blanco al final. Es una de las postales más impresionantes del Atlántico Norte.

En Trøllanes hay además una lápida con un nombre que reconocerás: la tumba de James Bond, colocada donde se rodó el final de «Sin tiempo para morir». La travesía a Kalsoy depende del mar y del viento, así que el orden del día puede cambiar sobre la marcha. Volvemos a dormir a Klaksvík.

Curiosidades

  • En Kunoy está el único bosque de todas las Islas Feroe: unos pocos árboles plantados a mano en un archipiélago sin bosque nativo.
  • En Trøllanes, en Kalsoy, hay una lápida con el nombre de James Bond en el lugar donde se rodó el desenlace de «Sin tiempo para morir».
  • Viðareiði, en Viðoy, es el pueblo más septentrional del país, al pie del cabo Enniberg y sus más de 700 metros de acantilado vertical.
Casas de colores al borde del agua bajo laderas verdes en un fiordo de las Islas Feroe

Klaksvík → Tórshavn

Tórshavn, una de las capitales más pequeñas del mundo

Día
6 de 7

Emprendemos la vuelta hacia Streymoy por el mismo laberinto de túneles y fiordos, pero sin prisa: este es el día comodín del viaje. Todo lo que la niebla, la lluvia o el reloj hayan dejado fuera estos días se recupera hoy, parando donde haga falta.

El destino es Tórshavn, la capital, con unos 20.000 habitantes: una de las más pequeñas del mundo y, según cómo se cuente, también una de las más antiguas. El casco viejo se llama Tinganes, la «península de la asamblea», y es una lengua de roca entre dos puertos con callejones empedrados y casas de madera roja con tejado de hierba.

Ahí llevan reuniéndose desde hace más de mil años: el Løgting feroés es uno de los parlamentos en activo más antiguos del planeta, y sigue teniendo su sede en esas mismas casitas de hierba, que hoy albergan al gobierno de las islas. No hay valla, ni garita, ni cordón: se pasea entre ellas como por cualquier otra calle.

El resto de la tarde es de puerto, tiendas y patas de cordero secándose al viento en los cobertizos de madera. Tórshavn tiene escala de pueblo pero vida de ciudad, y es el mejor sitio del archipiélago para rematar el viaje con calma.

Curiosidades

  • El Løgting feroés, reunido en Tinganes desde tiempos vikingos, es uno de los parlamentos en activo más antiguos del mundo.
  • Tórshavn, con unos 20.000 habitantes, es una de las capitales más pequeñas del planeta.
  • Las casas rojas de tejado de hierba de Tinganes no son un museo: son las oficinas del gobierno de las Islas Feroe.
Pueblo feroés de casas de colores y cubiertas de hierba junto al mar, con su iglesia de tejado rojo

Tórshavn → Aeropuerto de Vágar

Última mañana y vuelta a casa

Día
7 de 7

El último día lo marca el horario del vuelo. Si sale a mediodía o por la tarde, queda la mañana para pasear sin rumbo por la capital y hacer las últimas compras: aquí eso significa lana. «Ull er Føroya gull», dicen en las islas, «la lana es el oro de las Feroe», y los jerséis tejidos con lana de estas ovejas son el recuerdo que de verdad se usa al volver.

Después, media hora larga de carretera y túnel submarino hasta el aeropuerto de Vágar, cerrando el círculo justo donde empezó el viaje siete días antes.

Y queda una sensación difícil de explicar a quien no ha estado: la de haber recorrido un país entero —dieciocho islas, un parlamento milenario, colonias de cientos de miles de aves— en el tiempo que en otros sitios se tarda en ver una ciudad.

Curiosidades

  • «Ull er Føroya gull» —la lana es el oro de las Feroe— es el dicho que resume siglos de economía isleña.
  • El aeropuerto de Vágar es el único del archipiélago: todo el viaje empieza y termina en la misma isla.

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